|
¿Cuanto tiempo dura el tratamiento?.
La
experiencia revela que un altísimo número de pacientes
experimentan excelentes resultados en tan solo unas
quince sesiones. Algunos pacientes empiezan a sentirse
mejor desde el primer día y otros demoran más. El enemigo
mayor del paciente es la impaciencia. Algunos tienen
la tendencia de abandonar el tratamiento antes de tiempo
porque tienen la equivocada noción de "ya yo debería
sentirme bién en unos cuantos días" sin tomar en cuenta
que tienen muchos meses o años llegando al estado en
que se encuentran. Esto es lamentable, ya que si hubieran
insistido en cumplir con el tiempo necesario hubieran
logrado un feliz resultado. La mejoría es vista por
el propio paciente cuando los síntomas empiezan a ceder
en intensidad y/o frecuencia sobre el período antes
señalado, es decir unos quince días. Sin embargo, muchos
pacientes mejoran dramáticamente desde la primera o
segunda sesión. El tiempo de una sesión típicamente
es de media hora.
Mi hermano/tío/primo/amigo/etc/
vino al Instituto y a los tres días ya estaba mejor.
Ya yo tengo X y me siento igual.
No
hay dos pacientes que tengan exactamente la misma lesión
con todas sus características ni que tengan tampoco
la misma capacidad de respuesta sus organismos. En otras
palabras, aunque algunos diagnósticos puedan ser los
mismos, cada lesión tiene sus particularidades únicas.
De nuevo, debe imperar la paciencia, y reconocer que
las comparaciones entre pacientes no tienen mayor validez
en cuanto al tiempo que requieran para obtener buenos
resultados.
Ya voy por la sesión número X y
los síntomas han seguido empeorando.
Existen
casos, afortunadamente pocos, en que el paciente
no responde. En donde sencillamente, a pesar de todos
los esfuerzos que se realizan, el anillo fibroso del
disco ha perdido su capacidad de retracción y el nervio
tiene que ser descomprimido por vía quirúrgica. Dicho
esto, sin embargo, hay pacientes que tardan más tiempo
que la norma en responder satisfactoriamente y con un
poquito más de esfuerzo y de tiempo se logra un feliz
resultado.
Ya yo debería estar mejor. Esto
no se me va a quitar nunca.
Algunos
pacientes se tornan muy negativos como resultado natural
de haber tenido un dolor durante mucho tiempo y sin
embargo esperan obtener resultados inmediatos. Cuando
esto no ocurre en la forma en que ellos habían preconcebido
se preocupan innecesariamente y es aquí donde corren
el peligro de abandonar antes de tiempo el tratamiento.
Mientras no existan síntomas neurológicos de importancia
quirúrgica, hay que insistir en el tratamiento aún cuando
posiblemente usted se encuentre dentro del grupo de
pacientes que tarden más de lo usual. Es bueno acordarse,
como se dijo anteriormente, que no hay dos personas
que tengan exactamente el mismo grado de lesión ni la
misma capacidad de respuesta. Al mismo tiempo, es innegable
por observación en miles de pacientes que aquellos con
una actitud positiva se recuperan más rápidamente que
aquellos que piensan negativamente - y esto tiene una
explicación fisiológica. Los pensamientos negativos
y de magnificación del problema producen tensión muscular
a nivel de todos los músculos paravertebrales causando
esto a su vez mayor compresión del nervio o nervios
afectados. También el temor produce tensión muscular
en el momento del tratamiento, haciendo menos efectiva
la separación articular y retrasando el efecto del mismo.
O sea que tórnese positivo ya que vamos a darle la cara
al problema y a buscar la solución más favorable para
usted.
Yo lo que quiero es que me quiten
el dolor!
Esta
aseveración la escuchamos a diario y en ella está implícita
la idea distorsionada de que "debe existir un medicamento
específico para cada dolor." Desafortunadamente, en
casos donde la causa es una compresión mecánica, los
medicamentos carecen de mucha efectividad porque no
apuntan a resolver la problemática real. El "quitar
el dolor," está repleto de significado. Para poder lograr
este objetivo se requiere eliminar la causa. Existen
tratamientos agresivos a base de medicamentos administrados
por vía endovenosa donde el paciente tiene que estar
hospitalizado y bajo supervisión constante. Allí a veces
se aplaca el dolor por un período variable pero muchas
veces tampoco se logra el resultado deseado y al salir
de la hospitalización regresa con la misma intensidad
el dolor. Siempre llegamos al mismo punto: para quitar
el dolor hay que quitar la causa, hay que descomprimir
el nervio mecánicamente y preferiblemente con la manipulación
específica y fisioterapia o en aquellos casos especiales,
quirurgicamente.
|